Seguramente, cuando Juan Manuel Serrat musicó el poema “La Saeta” de Don Antonio Machado, no pensó que se convirtiera en un tema tan emblemático en su carrera. La canción resultante ha sido Versionada por muchos cantaores flamencos que lo interpretan en procesiones, sin pensar en que puede ser una incoherencia. Pero sin duda, lo que menos esperaría es que se convirtiera en la marcha procesional más interpretada en España.
El poeta, hijo de un folklorista andaluz, conocía muy bien todo lo relacionado con la música y la poesía popular; y como no con el flamenco.
Esto quedó demostrado en las obras realizadas a medias con su hermano Manuel, siendo el trabajo más conocido hecho conjuntamente “la Lola se va a los puertos”. De este modo no nos resulta extraño que comenzara el poema que nos ocupa del siguiente modo:
Dijo una voz popular
“quien me presta una escalera
Para subir al madero
Para quitarle los clavos
A Jesús el nazareno”.
Machado, sin duda, es considerado un escritor profundo y de una españolidad muy acentuada, como buen perteneciente a la generación del noventa y ocho. Tenía un sentimiento religioso muy profundo, que hace de Jesús una constante de su obra y considera que el ateísmo es un acto de egoísmo, como manifiesta en Juan de Mairena donde escribe: “el hombre que toma como tipo de evidencia el de su propio existir, con lo cual inaugura el reino de la nada, más allá de las fronteras de su yo. Este hombre no cree en Dios, o se cree Dios, que viene a ser lo mismo”.
Pero el poeta es un verso libre que, debido a sus críticas a la iglesia como institución, choca con esta. Nos habla en el poema “La Saeta” de cómo en su tierra los mayores, en las primeras décadas del siglo XX le daban más importancia a la Pasión y Muerte en la Cruz, que lo que para él tenía sentido un Nazareno vivo, lleno de fuerza que predicaba en la mar, donde nos dejó su mensaje de amor.
Por eso algunos ven en ello un ataque a esta manera de mostrar la fe, con tanta exaltación de la cruz, cosa que en la actualidad ha cambiado incluso en nuestra manera de celebrar la Semana Santa, ya que durante la centuria pasada, se empieza a entender que la muerte es la puerta de la resurrección, de modo que comienza a originarse con más frecuencias hermandades que tengan como titular a Cristo Resucitado, al fin y a la postre, una exaltación de la vida.
Muchos quisieran saber la imagen que inspiro estos versos, de un Jesús clavado en la Cruz, no concuerda con ninguna advocación conocida, en Sevilla lo atribuyen al Cachorro, o bien al Cristo de los Gitanos. A mí, como baezano, y teniendo en cuenta que el poema fue escrito en su estancia baezana, me gustaría como no, que fuera nuestra Expiración, pero lo cierto es que se desconoce, siendo lo más seguro que no tomara ninguna imagen en particular como referencia, sino todas en general.

Se escribió en 1914 y fue publicado en la revista Mundial Magazine, pero no será incluido hasta años después en “Campos de Castilla”, en una publicación de sus obras completas. Utilizando en la introducción una copla popular con rima asonante, el resto lo componen cuatro estrofas, tres de ellas redondillas y una cuarteta irregular.
El cantautor musicó el poema en el año 1969 con arreglos de Ricard Miralles Izquierdo, en su disco dedicado al poeta, claro está que sin idea de que fuera utilizado, para acompañar a nuestros pasos. Pero en 1986 Antonio Rodríguez Velazco la adapta para la banda de cornetas y tambores Virgen de las Angustias, sin mucha relevancia. Siendo en 1988 cuando empieza a convertirse en el fenómeno que es hoy, al realizar el propio Velazco junto Antonio Amoedo y Juan Ramírez, la versionan para la Agrupación Musical de Jesús Despojado, actual Virgen de los Reyes, que la estrenaría en la Plaza de San Román, en la salida extraordinaria de su titular, con motivo del cincuenta aniversario de la fundación de la hermandad. Y en el año 1992 Guillermo Fernández Ríos la adapta para ser interpretada por Banda de Música. Todo ello fue posible, sin duda alguna por la calidad de la música y la Sencillez de su melodía. Lo que ha hecho que la marcha se encuentre entre las más interpretadas tras nuestros cristos.
En una entrevista a Serrat, comento que solo sintió emoción al escuchar un tema suyo hecho por otros en dos ocasiones, cuando una orquesta en la fiesta de un pueblo catalán interpreto Palabras de Amor y el día que se encontraba en un balcón de Sevilla, viendo el trascurrir una procesión, y la banda acompañaba el paso con su música. En broma comento que tenía que haber pedido derechos de autor, pero que era más importante para él lo que sintió, que lo crematístico.
En el año 2016 Serrat, recibió el premio Demófilo, concedido por la fundación sevillana Antonio Machado. Dicho premio se otorga a los artesanos y artistas más destacados del arte cofrade. En el caso del catalán, fue por su contribución a la música procesional en Sevilla y en toda Andalucía. Esta distinción es considerada como los Oscar de la Semana de Pasión.
Pese a la crítica y lo inesperado, nos encontramos ante el claro ejemplo de una obra que, transcurrido el tiempo, deja de pertenecer sus autores, para convertirse en propiedad del público, que la entiende como quiere.
Un caso más chocante que el éxito en la Semana Santa de este bello poema y su adaptación musical lo puede ser que la marcha Amarguras de Manuel Font de Anta, fuera utilizada en 1936 en Barcelona para acompañar en su entierro al líder anarquista José Buenaventura Durruti Dumange.
“Estos días azules y este sol de la infancia”.
Fotografías: Cristóbal Tornero.

