Ella en un tiempo lejano, realizó los estudios de maestra de primeras letras y su novio de filosofía.
Pertenecían a la oligarquía agrícola baezana, con grandes olivares y casa en la calle San Pablo.
Su enlace fue una gran alegría para las familias y todo un acontecimiento social en la ciudad.
Con la venida de la Segunda República, se integraron en la izquierda democrática moderada, comenzando a enseñar a leer a los jornaleros y acudiendo a foros feministas.

Sin desatender sus obligaciones de buenos católicos.
Cada Viernes Santo él, se vestía la túnica de penitencia del “Paso”, siendo de los pocos que lo hacía con el rostro cubierto.
Cuando el patrimonio artístico religioso comenzó a ser amenazado, no dudó en salvar a su “Nazareno” resguardándolo en la Catedral, donde recibió protección junto con otras obras de arte sacro.
Al final de la Guerra Civil varias personas declararon haberle visto muerto, en la fosa común del cementerio.
Ella miembro del Auxilio Rojo en Málaga, fue depurada en la prisión de mujeres, conocida como “el Caserón de la Goleta”. De donde regresó con la cabeza rapada, demacrada, con sarna, en los huesos y humillada como mujer.
Su hermano consiguió los avales necesarios, para que saliera de la cárcel sin ser fusilada. Con la condición de que se fuera de Baeza para siempre.

Este pertenecía al partido liberal democrático y republicano, de Alejandro Lerroux. Y cuando se percató del resultado de la contienda, como otros muchos no dudó en vestirse por pragmatismo, la camisa azul de Falange y no podía tener a su alrededor rojos sospechosos.
Una madrugada a escondidas, ella entró en la Iglesia de San Pablo, donde le hablo del siguiente modo a Nuestro Padre Jesús:
“[…]
No llevare ninguna imagen de aquí
Me iré desnuda igual que nací,
Debo empezar a ser yo misma y saber
Que soy capaz y que ando por mi piel. [1]
[…]”
Al salir le esperaba el coche familiar, para llevarla a un suburbio de Madrid.
Allí entre los parias de la tierra, gracias a los curas del barrio, subsistía dando clases a los hijos de los obreros. Sintiéndose fuerte pues como Antonio Machado, con su dinero pagaba el traje que la cubría, la chabola donde habitaba y el pan que la alimentaba.
Una mañana casi se desmalla al encontrarse con su marido en la calle, los compañeros de la clandestinidad y los jesuitas, le habían conseguido una célula de identidad legal.
En el arrabal era frecuente que las parejas, comenzaran de inmediato a convivir. Pero ellos de nuevo se casaron en la iglesia del barrio, un cobertizo de madera donde asistían a misa los domingos.
En su segunda noche de bodas, entre lágrimas él fue capaz de contarle, lo sucedido cuando regresó a Baeza para buscarla y dos falangistas le reconocieron.
Estos sacaron sus pistolas y le dispararon, dejándolo tirado en una fosa sin conocimiento, sangrando con una herida en la espalda y otra en el brazo. Gracias a Dios no le remataron con un tiro en la cabeza.
Al despertar se encontraba en una habitación de un cortijo, los guardeses lo habían recogido del enterramiento común y le curaron las heridas, dándole una nueva vida con sus cuidados.
Tan pronto como pudo, se trasladó a Sierra Morena con los maquis, pero él era un filósofo nunca había empuñado un arma. Cuando estuvo recuperado del todo dejo la serranía, para camuflarse en el Pozo del Tío Raimundo y pasar desapercibido.
Durante mucho tiempo residieron en la chabola donde trabajaban.
Años más tarde compraron un piso para vivir, junto a otro más grande, donde impartían mecanografía, taquigrafía y francés. Clases para los niños, que al llegar la noche eran sustituidos por sus padres, para aprender las cuatro reglas.
En el mejor sitio de la entrada, pusieron la foto del “Paso”.
El hermano de ella vivía una vida desahogada en Baeza, se había casado con una joven de “buena familia” y tenía una mantenida. A demás siempre que podía realizaba una escapadita a Sevilla o Madrid, para disfrutar de sus noches.
Su primogénito era el orgullo familiar, un trabajador incondicional que, desde joven se hizo cargo de los negocios familiares, incrementando notablemente el patrimonio.
La hija una belleza morena de Julio Romero de Torres, fue educada en un colegio de monjas, en las buenas costumbres sociales de la época. Que siempre salía acompañada los domingos al Paseo.
Esta comenzó a tontear con el sobrino del marido de su tía “la roja”, relación prohibida por la familia.
Un buen día la muchacha se negó a viajar a Londres para abortar. Por lo que se casó a escondidas, una madrugada en la Iglesia de San Pablo. A su salida de nuevo esperaba el conductor de confianza del patriarca, para llevar a otra mujer de la familia lejos de Baeza.
Los padres del muchacho que habían perdido todas sus riquezas en la Contienda Civil, les dieron una dirección de unos conocidos donde vivir y trabajar, en el Puente de Vallecas.
Al llegar a su destino en Madrid, en la puerta les recibió la tía de ella, algo más mayor que en las fotos, junto a su marido muerto en la guerra.
El joven matrimonio estudio magisterio, mientras daban clase de recuperación a los niños pequeños, en el colegio que ya ocupaba cuatro plantas del edificio. Donde se preparaban alumnos de bachillerato, para examinarse por libre en el Instituto de San Isidro.
A la vez que era criado el niño, las dos parejas se trasladaron a vivir a la zona del Retiro.
Adquirieron sus primeros coches, los mayores un Seat Seiscientos y lo jóvenes un deportivo Mini Cupe rojo, con el techo blanco.
Al pequeño que le costaba aprender y tenía dificultad para hablar, le dieron una educación similar al resto de los niños de su época.
Su madre para hacerle dormir le contaba historias de Baeza y de su devoción al Nazareno.
Una tarde el niño jugaba en su habitación, realizando la ceremonia del “Encuentro del Paso”, con soldaditos de plástico.
La familia seguía acudiendo a la parroquia de Santa María del Pozo, situada en las frías dependencias de un centro de formación profesional, regido por la Compañía de Jesús.
Tras la misa del domingo, la tía le comento al padre Ramon Prieto, la historia de las figuritas y el niño. Este que era además tallista y maestro de ebanistería, realizó para el chaval en miniatura las imágenes articuladas: de Jesús Nazareno, la Santa Mujer Verónica, San Juan y la Virgen María.
Esos fueron los mejores Reyes Magos en la vida del pequeño, con los que continuamente recreaba el “encuentro”.
La política irrumpió de nuevo en sus vidas, en las iglesias de los barrios el partido se organizó en la clandestinidad y nacieron las Comisiones Obreras.
Con la llegada de la democracia, comenzaron a participar en los actos políticos, al chiquillo le atraía y comprendía lo dicho en los mítines.
El Partido Comunista fue legalizado y nuestro joven comenzó a repartir el Mundo Obrero, por las casas de Vallecas, pese a la oposición de su madre, pero a su progenitor le gustaba ver como su hijo era capaz de defenderse solo.
Al año siguiente ya nada les impedía participar en su Semana Santa, regresaron a su tierra para sorpresa de sus paisanos, al ver como el tío seguía con vida.
El Viernes Santo los dos hombres se Vistieron la túnica de su hermandad, para acompañar a Nuestro Padre Jesús Nazareno.
Durante el “Encuentro” la madre le contó a su hijo, quien era su abuelo, pero el niño no la hizo caso, estaba absorto dirigiendo la “Ceremonia del Paso”.

Una vez finalizada la procesión, comieron en “Casa Juanito”, donde también estaba el resto de la familia materna. A los postres el nieto se acercó a sus ascendientes biológicos, para regalarles una revista del comité central del PCE, a la vez que le daba dos besos a su abuela.
Dentro de la bandolera del muchacho, se veía para sorpresa de la madre, la portada de Interviú donde aparecía Marisol desnuda.
Al salir del restaurante en la gasolinera, los dos cuñados se encontraron frente a frente, para estupor del exfalangista y a hora demócrata de toda la vida. Cuando el otro le coloco el dedo anular en la sien, martilleando el pulgar como si fuera el gatillo de una pistola, mientras le decía:
“Tenías que haberme rematado, en la fosa del cementerio.
Pues yo hubiera muerto por mis ideas, pero jamás hubiera matado por ellas.
Ahora tu hija, es mi hija y tu único nieto, es mi nieto”.
[1] Canción Desde mi Libertad compuesta por Danilo Vaona y Víctor Manuel S. José Sánchez
















































