Nunca más mataré (Una promesa de Navidad)

Viajaba con la cabeza apoyada en el cristal de la ventana, de un viejo vagón de tercera clase con los asientos corridos de madera. El humo de la locomotora entraba manchando a los viajeros de carbonilla. El horizonte era la noche más oscura, sin luna, ni estrellas. A su alrededor, se oían las voces de los viajeros que, retornaban a casa por Navidad.

Estas fiestas carecían de significado religioso para él. Dios le había dado la espalda en ultramar, donde el calor y la humedad pegaban el uniforme al cuerpo. Las lluvias convertían los caminos en barrizales y el barro llegaba hasta las rodillas. La espesura de la jungla hacía necesario abrirse paso a machetazos. Las picaduras de los mosquitos eran tan mortíferas como los disparos de los emboscados. Tac, tac, un nuevo compañero había caído.

Era una guerra para defender los últimos reductos del imperio. Donde la carne de cañón, la formaban quienes no podían pagar la soldada, para librarse. Mientras los niños de “familia bien” cuando salían de la academia militar, tenían el objetivo de ascender en el escalafón, por méritos en la batalla, sin importarles para ello sacrificar a la tropa, si conseguían laureadas, medallas o condecoraciones. “Honor o muerte”.

Él, había sobrevivido gracias a su prudencia, exponiéndose lo justo. No quería una estatua en Madrid, ni una calle en su Ciudad por jugarse la vida al destruir un puesto de franco tiradores, como Eloy Gonzalo. Muerto en un hospital militar sin medios, ni higiene. Olvidado por todos los que, al fallecer le dieron condecoraciones, honores y le hicieron un monumento.

Su regreso sano y salvo fue consecuencia de su incorporación, a un destino en Capitanía General gracias a contar con el título de bachiller, después de haber combatido en primera fila durante el primer año.

En su puesto en la plana mayor, vio como la guerra era por el control del comercio de la caña de azúcar. Deseado por los Norte Americanos, españoles peninsulares y españoles de Cuba. La burguesía hispana e indianos cargaban barcos en el puerto de Barcelona, de manufacturas para vender en África. Donde esas naves eran ocupadas por mano de obra esclava, para trabajar en las plantaciones produciendo el energético y valioso edulcorante, para llenar los mercantes, con dirección a todo el mundo.

Esta guerra la había perdido España, por el apoyo de Estados Unidos a los independentistas. Además de por la ineptitud del almirante, al sacar la flota a mar abierto para combatir en inferioridad de condiciones, perdiendo la protección de la bahía, donde los barcos enemigos debían entrar en fila de a uno, quedando sin ventaja de número.

Con el día aparecieron los olivares trayendo recuerdos de la niñez. Tiempos de catecismo, oración y amor a Dios inculcado por su madre. Además, su progenitora con sus ricos guisos le despertó su pasión por el buen comer. Su padre le había hecho amar la música, la literatura y en general, la cultura. Con él compartió días de trabajo en el campo, pero sobre todo le dio una buena educación, primero en el colegio de su ciudad Baeza y posteriormente en el instituto de bachillerato, único existente en la provincia. Haciéndole un hombre de bien.

La fría mañana del veintitrés de diciembre su padre le esperaba, a pie de tren. Al encontrarse se fundieron en un fuerte abrazo. El progenitor aparentemente más joven, se echó el petate a la espalda hasta el carro, donde se sentaron juntos. El patriarca, lio dos pitillos, de picadura de tabaco. Cogió un chamarro, diciéndole a su hijo póntelo, aquí hace frio y los dos se rieron.

Durante el camino se mantuvieron en silencio largo rato, con su sola compañía bastaba, se sentían bien, ambos estaban a gusto. Cuando de pronto sin saber cómo, se encontraron hablando de las tareas del campo, de cómo iba trascurriendo la campaña de la aceituna y de cómo habían empezado las heladas a mediados de otoño.

Llegaron a casa, donde le esperaba su madre, tan guapa como siempre. Ella, sujetó el rostro de su niño entre sus manos. Al mirarse brotaron lágrimas de emoción, de rabia, pero sobre todo de alegría. Cuando de pronto sintió el calor de la ternura, como cuando era niño y en la noche le acurrucaba, para protegerlo de sus miedos infantiles.

Los tres, se sentaron en la mesa camilla de la cocina. Con un café con leche, una copa de Machaquito y un mantecado de harina. Era Noche Buena y después de mucho tiempo, se encontraba bien, al recuperar su fe, sus tradiciones y a los suyos.

¡Por fin estaba en casa!

De pronto como un terremoto entraron las vecinas y las mujeres de la familia, celebrando con alegría su regreso. Algunos de los hijos de aquellas mujeres, habían quedado muertos en Cuba. Pero su mirada se clavó en una muchacha, no era posible, era una niña, pero aquella niña, su vecina de la puerta de enfrente, se había hecho una bella mujer y sus miradas se cruzaron dándose cuenta de que, serían el uno para el otro.

Esa Noche Buena, no cerraría todas las heridas, regresarían las pesadillas y el insomnio. Pero había recobrado las ganas de vivir. Cuando comenzó a hablar con su vecina, no era capaz de separarse de ella, mientras comían migas con chorizo, tocino y pimientos, acompañadas de aceitunas de cornezuelo, su plato preferido.

Tras finalizar las labores del campo comenzaron a llegar los amigos, para compartir brandi de Jerez y cigarros habanos, comprados para celebrar con su gente la vida. De pronto, debido al efluvio del alcohol, empezaron a brotar algunos fandangos y cantes por bulerías. Cuando con la aparición de un almirez y una zambomba, se cantaron desvergonzados villancicos.

De repente, salieron corriendo para cenar, conejo con tomate, albóndigas y boquerones en escabeche. Bebieron vino de Torreperogil. De postre comieron boniatos asados con miel y canela o roscos de anís.

Tras la cena, el barrio entero se encontró en la iglesia de San Andrés, para asistir a la Misa del Gallo. Y él, la escucho en recogimiento. Tras haberse alejado de Jesús en las noches de batallas, las oraciones le acercaban más al Nazareno. Además, ante la Virgen del Alcázar, su patrona, en compañía de amigos, familiares, de sus padres y de su vecina, todo era más bonito, perfecto y cercano.

Ese niño del Pesebre era el Cristo de la Sangre, muerto en la Cruz, por la Paz y el Amor. Ante su devoción cristifera, pensó en entregarse a los suyos, para darles el cariño robado. Su nueva vida era un regalo, para disfrutar, siendo ante todo un buen hombre. Se lo debía a todos sus compañeros, muertos en un lodazal.

Una vez finalizara la misa, los amigos salieron de ronda, recorriendo las casas de todos ellos, donde tomaron las pascuas, prolongando la fiesta hasta el alba.

Camino de su casa encendió su ultimo Habano, su aroma le recordó bellas playas, llenas de hermosas mulatas. Caminaba despacio saboreando el día de Navidad. Ya en el hogar se calentó un café en las ascuas, paladeándolo despacio, mientras terminaba de fumar.

Entró en su cuarto para desarmar el petate, sacando de él sus libros y su biblia. Colgó de su cuello la crucecita de madera, tallada a navaja, en las largas noches de guardias. Por último, muy sereno salió al patio, destapo el pozo, para tirar en su fondo su oxidado machete.

Y gritando dijo:

¡Nunca más mataré!

No es Semana Santa

En estos días de lo políticamente correcto se dice, se comenta en las tertulias, foros y ámbitos cofrades de las redes sociales, con mucha satisfacción la manera con la que los andaluces hemos vivido la Semana Santa del 2020, cantando saetas desde los balcones y compartiendo marchas por YouTube. Asistiendo a los oficios por streaming. A misas de Pascua o hermandad de modo virtual donde los pinchazos sobrepasaban a los asistentes en condiciones normales. Vimos la retrasmisión de la madrugada como si fuera en directo.

Todo ha sido según nos dicen una vuelta a lo que debe ser, a la intimidad de vivir los días de la Pasión de un modo profundo, reflexivo, más cercano a la obra de Jesús. En una palabra, hemos sido muy buenos y nos hemos comportado muy bien, quedándonos en casa no hemos sacado nuestras imágenes en rogativa, impidiendo de este modo la propagación de la epidemia.

Pues bien, lo hicimos por un solo motivo, estábamos confinados debido al estado de alarma sanitario. Por el cual no pudimos procesionar, es más no se podía ni salir de casa y nos vestíamos de Domingo para ir a la compra. Por ese motivo no salieron nuestras procesiones, no fue por voluntad propia, no nos quedó otra.

Muchos alegaron incluso que, era un ultraje en contra de la libertad religiosa, en especial de los católicos. Yo soy de los que piensa que fue un acierto, más viendo la situación actual.

¿De verdad?  ¿Hemos vivido una Semana Santa ejemplar?

Ejemplar si ha sido esta pandemia, pues nos ha puesto al ser humano en nuestro sitio demostrando que, somos más vulnerables de lo que nos creemos.

Pero no ha sido Semana Santa, por lo siguiente:

Cuando en Andalucía y en toda España se piensa en esta celebración religiosa, lo primero que imaginamos son largas filas de penitentes con cirios iluminando la noche y nazarenos portando sobre sus hombros pesadas cruces de madera. Hecho este que no ha sucedido en ninguna de nuestras poblaciones.

Semana Santa es un paso de misterio portado por costaleros, roneando al marcar el paso en una larga chicota hecha oración, al compás del ritmo de los tambores y del quejido estridente de las cornetas. Levantando al cielo animados por la voz ronca de un capataz, al tercero de martillo. Mientras un romano a caballo le indica el camino.

Son las prisas para llegar a la esquina de un callejón, donde la bulla se abre como el Mar Negro dejando caminar con el izquierdo por delante a un paso de palio, en una eterna revira. En su trasera tras un manto de terciopelo verde y oro, la banda interpreta Campanilleros para una Esperanza.

En una ancha avenida bajo un cielo alboreo, transita en un barco de plata portado por sus hombres de trono, el Cautivo. Su túnica de un blanco pureza coge vuelo sin brisa. Dos faroles innecesarios le dan luz a su rostro, pues él se basta para iluminarlo todo con su presencia.

Como no son las lágrimas del que habla con su Dios, en la puerta de su casa, pues como cada año ha tenido a bien venir a saludarlo, y él, le cuenta, se confiesa pidiéndole perdón, mientras solo se escucha el grito del silencio, milagro solo posible en Andalucía. Es Nuestro Padre Jesús el Abuelo.

Es la subida de un Cristo moreno crucificado a su barrio del Albaicín, mientras de las fraguas se escapan cantes del pueblo gitano, marcados a fuego, yunque y martillo, gargantas llenas de tierra que, desgarran el cielo con saetas rematadas por martinetes, dardos clavados en el corazón.

Jesús ha Caído, su rostro refleja dolor contenido de quien no puede más, su mano toca el suelo de la calle Rojo de Baeza. Mientras la escena es explicada por una joven madre a su pequeño hijo, en su primera clase de catequesis. El niño espontáneamente le manda un beso al señor.

La Semana Santa es sin duda todo esto y mucho más, al servicio de una manifestación pública de fe cofrade, donde reflexionar, para acercarnos y acercar a todos a ese Jesús Hombre en la Vía Dolorosa, ejemplo de amor para todos y preparándonos para la Resurrección que, es lo verdaderamente importante.

Pero este año a un rico guiso con mucha tradición se le ha quitado la sal y algún que otro ingrediente, por lo tanto, ya no está bueno. Ni tan siquiera es el mismo plato, aunque se le ponga los sobre nombres de light, bajo en calorías o 0 0 para que los aceptemos. Pues esto es lo sucedido este año con nuestra Semana Santa no se le ha quitado lo sustancial, pero si la sal y algún ingrediente más. Por lo tanto, no habido Semana Santa, ha sido otra cosa distinta, insípida con poca textura, en pocas palabras, más difícil de comer, además se ha presentado intentando emplatarla de un modo convincente sin conseguirlo, pues tampoco la bajilla era la adecuada.

Por lo tanto, si en 2021 no se cumplen todos los requisitos que, debe cumplir la Semana Santa, no la llamen Semana Santa pues sencillamente, no lo es. Ya que el noventa y nueve por ciento de los cofrades y un elevadísimo número de los andaluces que no lo son, la viven, quieren y sienten como Dios manda.

Con sus oraciones, con su Primera Eucaristía, con su reflexión interior, penitencias, sirviendo de formación para la Pascua. Pero compartida en la calle, exuberante, barroca, llena de contrastes. Donde los silencios suceden a la algarabía. Con aroma a romero, olor azahar y sabor a torrijas. Llena de morados nazarenos, de verde esperanza, de blancas capas de barrio y de negros silentes. De amaneceres bajo la fría Luna Llena de Nissan y calurosos atardeceres. De traje con corbata el Domingo de Ramos, mantilla el Jueves Santo y plumas con gorro de lana en la Madrugada. Con sus floraciones exageradas de rosas, claveles, lirios, y orquídeas. Con las calles de luz formadas por candelerías encendidas para alumbrar una dolorosa, bajo una gloria envuelta en una nube de incienso.

¡Todo esto es Semana Santa y si no, no lo es!

Buscando en el baúl de los recuerdos.

Durante los días del largo confinamiento de la Covid 19, aislado en mi casa, me dio por desempolvar de un arca publicaciones de Semana Santa antiguas, esas tantas veces ojeadas y nunca leídas, pero esta vez por la añoranza de no poder vivir los Días Santos, como a los baezanos nos gusta, o simplemente por tener tiempo para hacerlo. Puse en Spotify largas listas de marchas, me coloqué mis auriculares y sin prisa empecé a degustar cada una de las lecturas, sin juzgar en ningún momento con la mentalidad de la actualidad entendí que, las cofradías son hijas de su tiempo, se adaptan en cada momento como camaleones a las situaciones, al fin y al cabo, las forman personas de fe que, transitan por la vida cada uno en su época.

De este modo, nació este texto, donde recopilo extractos de artículos intentado de algún modo contextualizarlos en su época, a través de alguna reseña histórica. Y por solidaridad hacia los grandes olvidados de la Semana Santa, sus escritores, pues es fácil conocer a sus imagineros, pintores, músicos, fotógrafos, pero ¿Cuántos escritores de Pasión Conocemos?

En abril de 1944, la Guerra Española hacia escasos cinco años que había finalizado.  Amadeo Ruiz Olmos realiza la nueva imagen del Cristo de la Yedra. En la Segunda Guerra Mundial, Inglaterra y Estados Unidos avanzaban de Este a Oeste hacia Berlín y desde el Oeste hacía lo propio la Unión Soviética que, había nacido de la Revolución Roja de Octubre del 17.

Hechos históricos que, se reflejaban en la publicación de Semana Santa en Baeza de 1944, a modo de editorial, sin firmante con el título de “Paz en la Tierra a los hombres de Buena voluntad”. En el que decía:

“El anticristo asoma por el Este, enarbolando la bandera de la destrucción y del rencor, tinta en la sangre de sus incalculables crímenes, amenazando con aniquilar el tesoro de valores espirituales y materiales que acumularon múltiples generaciones en veinte siglos de civilización cristiana. 

[…]  y es Él el que, a través de su Vicario en la tierra, deja oír una vez más su paternar palabra exhortando a la Paz y a la Caridad. Palabra que convoca a los hombres de buena voluntad de todo el orbe para que, deponiendo sus apetencias y rencores, se aúnen en santa alianza contra aquella amenaza siniestra”.

Tornero Fotógrafo Baeza.

El 23 de marzo de 1945 Viernes de Dolores, Ana Frank muere en el campo de concentración de Bergen – Belsen. El día 2 de abril se funda la “Fervorosa”. El 30 de abril Hitler y Eva Braun se suicidan en el Nido del Águila ante la eminente llegada de los URSS a Berlín. Estados Unidos el 6 de agosto lanza la primera bomba atómica sobre Hiroshima, el 9 lo hará en Nagasaki. El 2 de septiembre a bordo del acorazado Misuri, Japón firma su rendición, es el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Ese año en la misma publicación baezana rubricado con las iniciales F. R. H., aparece “Amaras a tu prójimo como a ti mismo”. Exponiendo que:

“Un año más bajo el imperio satánico del odio, la destrucción y la muerte. Los hombres, sordos a la palabra divina que sólo propagara el amor y la auténtica fraternidad humana, se lanzan, ciegos, a la vorágine de la guerra, de esta guerra, la más espantosa que conocieron los siglos; […] ¡Y Él, que allá en la Cruz entregó su vida por la Redención del género humano, porque prevaleciera el Amor sobre el Odio, El, que nos dio soluciones para todo en su grandiosa doctrina, ¡olvidado y escarnecido”!

A iniciativa del Papa Juan XXIII se convocó en 1959 el Concilio Vaticano Segundo que, a su muerte continuaría su sucesor Pablo VI, finalizando el 8 de diciembre del 1965. Sin duda alguna, uno de los hechos más importantes del siglo XX, no solo para los católicos si no para el resto del mundo también, por lo que suponía la apertura de la Iglesia hacia el resto de la humanidad.

Se estableció que se pudiera utilizar cualquier lengua, abandonando el latín como idioma único de la liturgia que, los sacerdotes ya no realizan de espaldas a los asistentes, si no mirando a la cara de estos. Adaptándose a la cultura de cada zona. Se reconoce que la santidad se consigue cumpliendo con Dios día a día, en el trabajo, en las relaciones sociales y en la convivencia familiar.

La Iglesia se abre a los laicos, en forma de una jerarquía encabezada por el Papa, guía del Pueblo de Dios que, peregrina en la Tierra hacia la casa del Padre, donde el sacerdote es mediador entre los hombres y Cristo, mediante los Sacramentos, sobre todo de la confesión y la Eucaristía.

Todas estas reformas parecían chocar con la celebración tal y como se entiende en Baeza de la Semana Santa por lo que, en 1971 Rafael Baño Silvestre, Académico C. de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, concluía su alegato La Semana Santa, el Barroco y el Concilio. De la siguiente manera:

[…] “Es cierto, que en muchos aparece desviado ese primigenio sentido religioso de estos días, pero no se nos podrá negar, como ya en la simple adhesión a la conmemoración, concebida como fiesta, y la no adopción de una postura meramente indiferente, supone un algo aprovechable, que puede servir de levadura para un más amplio amasijo espiritual, pues como dijo Machado comentando el pensamiento barroco, “…hay siempre un ascua de veras / en su incendio de teatro.”

Aún podemos hablar más en la defensa de nuestra Semana Santa. En la mentalidad post-conciliar ha surgido la diversificación de la uniformidad litúrgica católica, con el deseo de aproximarla al complejo cultural propio de cada pueblo, como lo prueba la admisión de las músicas y ritmos populares y el empleo de lenguas vernáculas en las manifestaciones de culto. Pues bien, lo vernáculo nuestro es esto. Esta es la forma secular que tenemos los españoles de vivir nuestro catolicismo, […] venga en buena hora el reconocimiento de la vigencia de la Semana Santa a la usanza española, como un canal útil y aprovechable para la implantación a fondo del cristianismo autentico en el alma del pueblo de Dios”.

En 1978 la Organización Mundial de la Salud declara erradicada definitivamente la Viruela (esto da esperanza). El 2 de febrero el Gobierno de la UCD rinde homenaje a los españoles republicanos, asesinados en el campo de concentración Nazi de Mauthausen en Austria. En cuanto a nuestra Pasión sería el último año que, el Rescate procesionaría en la tarde del Miércoles Santo. El 6 de diciembre es ratificada en referéndum la Constitución más longeva de la historia de España.

Ante estas circunstancias Juan Tomás Cejudo Lorite escribió:

“Semana Santa y Política.

[…] Vivimos en una democracia, que, sin la Constitución aprobada, en el proyecto de la misma, atendiendo a la creencia religiosa de la mayoría de la nación, se hace un reconocimiento de la Iglesia Católica. La libertad religiosa como derecho inalienable de la persona fue proclamada en España ya hace años. En la práctica no ha habido partido político alguno que se pronuncie en contra de la Semana Santa ¿No será que estamos buscando excusa para culpar a alguien de la apatía que nos impide mantener con vigor nuestras hermandades penitenciales?  ¿Quién puede enfrentarse con éxito a un cristianismo autentico, sincero, vivido por el pueblo?”.

Esto es solo un intento de recopilar pedacitos de historia, con un solo criterio, el mío, pues pienso que pueden reflejar políticamente, socialmente, culturalmente y como no lo más importante religiosamente, las circunstancias de nuestra Semana Santa en esos momentos. Con lo expuesto por los escritores, con unos estoy en total desacuerdo y con otros todo lo contrario, en plena concordancia.

La Virgen, Señora de un Alcázar.

Corría el 25 de julio de 1147 año del Señor, cuando el rey Alfonso VII de León, entró en el cerro del alcázar de Bayyasa, tras un largo asedio finalizado el día del Apóstol Santiago, gracias a las apariciones de San Isidoro de Sevilla, mostrándole el camino de la victoria.

En la Iglesia de San Gil, lugar del sillón episcopal desde los tiempos de los visigodos, en el barrio cristiano junto a la cava en la medina, se encontraron la imagen de la Virgen Morena, con el Niño Jesús en sus brazos, venerada con gran devoción por los fieles del Señor Jesucristo.

La mezquita mayor, en tiempos de los visigodos iglesia, fue purificada convirtiéndola en la Catedral de San Isidoro, donde el 15 de agosto día de la Asunción, fue trasladada en procesión la Virgen acompañada de la campana de “los labradores”, encargada de anunciar a las gentes del campo con su repique, del fin de la jornada para que, regresaran evitando los peligros de la noche.

La Señora fue portada por ocho hombres en unas sencillas andas, cuya mesa iba cubierta de flores, alumbrada por cuatro ciriales. En la misa, el obispo destacó la devoción hacia aquella imagen desde antiguo, tan querida en unos tiempos donde hacer pública la auténtica fe, no era fácil. Una vez concluida la ceremonia, en la plaza de la Catedral hubo celebración con música, danzas, corrió el vino de la Rivera del Duero, pues el de la tierra era un vinagre poco bebible, por la falta de costumbre en su elaboración y consumo en tierra de moriscos, se comió pan de masa aceite cubierto de sal, con tocino de cerdo a la brasa.

El rey, dejó la inexpugnable fortaleza, defendida por una amplia guarnición, a cuyo mando puso al conde Manrique Pérez de Lara, y al alcaide Pedro García, asegurando su retaguardia, en la campaña de toma de Almería y teniendo franca la comunicación con Castilla.

Los islámicos, hasta ese momento señores de Bayyasa, veían a los cristianos como fuerzas invasoras de ocupación, siendo muy frecuentes las razias y cada ataque de los infieles granadinos, era aprovechado por los moriscos, para provocar revueltas dentro del recinto amurallado, sofocadas con gran violencia, al tener al enemigo dentro de casa.

En el Verano de 1157, Almería es tomada por los Almohades, siendo su siguiente objetivo Baeza, donde cuentan con la inestimable colaboración, de los musulmanes del interior de la fortaleza, los cristianos se reorganizan, haciéndose fuertes en el Alcázar, resistiendo a las órdenes del Infante Sancho y el Alcaide Manrique. 

En las primeras horas del 22 de agosto, llegó un emisario informando de la Muerte del rey, en la tarde anterior en el Puerto Muradal. Lo que hace al infante rendir la fortaleza, pues debía llevar el cuerpo de su padre a Toledo. Pero antes se debía de ganar tiempo, para que el mayor número de cristianos, pudieran escapar del asedio marchándose a lugares seguros. Mientras los religiosos de la Catedral de San Isidoro, los enseres de más valor, reliquias e imágenes le acompañarían en tan triste y duro viaje.

El Obispo Pedro Ximénez de Sánchez-Olivera se da cuenta que, por su tamaño la Virgen no podría ser trasladada y dejarla supondría su profanación. Ante tal circunstancia el Alcaide Manrique, sugiere consultar con el maestro cantero Ginés Vera Ruiz, buen conocedor del alcázar por ser el encargado de mantener las murallas en pie, reforzándolas tras los impactos de las catapultas. De donde y como podía ser escondida la Señora, sin peligrar su integridad.

Cuando llegó el maestro, una vez informado dio como solución, el cavar una zanja con la profundidad y anchura suficiente para al ser revestida de piedra, albergara a la señora dentro de un embalaje de madera, todo tapado con la campana de “los labradores”, disimulando con grava y tierra compacta el suelo, en un lugar del Alcázar poco frecuentado.

Al infante y al obispo les pareció bien, el problema sería el tiempo pues el maestro trabajando con sus hermanos a buen ritmo, se comprometía a finalizar cuando el sol estuviera en todo lo alto al día siguiente. El infante dijo la última palabra, al alba se partía hacia Toledo.

Juan, Antonio, Jerónimo, Enrique y Rafael los cinco hermanos del maestro, trabajaban sin descanso picando el suelo, labrando la piedra para la pared, la comida se la llevaba el hijo de seis años del maestro, al igual que el agua desde la Fuente del Cañuelo. Mientras los herreros bajaban la campana y los carpinteros hacían el embalaje, todo a un ritmo frenético, acabando su trabajo cuando los Almorávides, entraban con estruendo por la puerta de Bélmez.

Las flechas de los infieles llovían alrededor de los canteros y del obispo que, escoltado por un grupo de caballeros, bendecía el lugar, mientras el maestro sin pensarlo subió a su hijo en el caballo, le protegió con su propio cuerpo y al galope puso dirección a Toledo, seguido de sus hermanos, lo último que vieron de Baeza fue la Torre de los Aliatares, en el barrio de los cultivadores de especies.

En los primeros días de diciembre de 1227, el rey Fernando III llamó a su maestro cantero para contarle que, una santera conocida como la Beltrana veía una luz en el cerro del recinto amurallado, que hablaba con voz de mujer. El maestro Jerónimo Vera Hernández sin dudarlo se dirigió al lugar, donde hacia setenta años su padre y tíos habían escondido la Virgen. Comenzó a picar y enseguida la herramienta choca con la campana de los labradores, conocida desde entonces como la Beltrana y la Virgen como Alcázar.

La Señora se trasladó al templo que, en un futuro sería la Colegiata de Santa María del Alcázar, con todo la formalidad, respeto y fe que era debida.

Documentación:

  • La Conquista de Baeza.

María Antonia Carmona Ruiz.

Universidad de Sevilla.

  • La Iglesia Mozárabe en tierras de Jaén 712 – 1157.

Por Juan Carlos Torres Jiménez.

“Las Escuelas”. Juventud divino tesoro.

Parece mentira, pero ya han pasado cuarenta años desde el 30 de marzo de 1980 cuando procesionó por primera vez, en nuestra Semana Santa, el Cristo de la Misericordia, siendo citado este acontecimiento de la siguiente forma en el programa de cofradías de aquel año:

“Procesión Penitencial del Santísimo Cristo de las Escuelas (El Silencio).

fotografía Tornero.

[…] Discurrirá por las calles del barrio de la Catedral, de la Puerta de Úbeda y la Merced, procurando recorrer aquellas que no visitan otras cofradías”.

Uno que por aquellos días era un preadolescente, le gustaría poder viajar en el tiempo como en la serie de televisión. Abriendo una puerta me encontraría en 1980, en la Escuela de Caminos de Madrid, en el homenaje del grupo Tos, (Los Secretos) a su batería muerto en accidente. O bien en otro lugar no muy lejano como el mítico Pub Pentax, de la canción, la Chica de ayer de Nacha Pop.

Pero, para regresar a los momentos fundacionales de la HERMANDAD PENITENCIAL DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA MISERICORDIA, no me hace falta una puerta, pues hace pocos días tras la publicación de mi artículo, La Mujer en la Semana Santa, Josefina Marín Rus en sus comentarios en Facebook, junto con Sebi Lozano Moral me hicieron el favor de hacérmelo vivir con todo detalle, siendo la base sobre la que desarrollo este artículo.

Decían que, la primera idea de procesionar al Cristo de las Escuelas, fue de Juanin Ruiz Garrido que en paz descanse y que, rápidamente se pusieron en marcha pidiendo permiso al Obispado para hacerlo, a través de la parroquia del Salvador. El prelado, no lo tenía nada claro, por el gran número de hermandades que existían en Baeza. Pero ellos con la fuerza de la juventud siguieron adelante, constituyéndose en cofradía penitencia, para conseguir su sueño.

Mucha era la ilusión y con una libreta en la mano recorrían los pasillos del Instituto Santísima Trinidad, para preguntar quién quería ser hermano y tomarle los datos, algunos saldrían corriendo para no ser “atracados”. Luego se juntaban en casa de Martín Morales que, también nos ha dejado demasiado pronto, para hacer los correspondiente y obligados recibos.

Pero aun siendo pocos, esa primera Semana Santa limpiaron su Cristo, todavía sin restaurar, lo depositaron en unas sencillas andas, antiguo trono del “Paso”, lo acondicionaron con el asesoramiento de Gabino Puche, colocándole cuatro faroles, pino y flores. Cumpliendo con sus primeros estatutos procesionaron sin túnica, vestidos todos de riguroso luto, por las calles que otras cofradías no transitaban. Siendo, como la citaba el libro de Semana Santa, la verdadera Procesión del Silencio.

Cuidaron mucho los turnos, para portar al Cristo, se dividieron según la estatura de los portadores: en altos, medianos y bajitos, claro está las tres categorías se convirtieron en seis al separar los hombres de las mujeres, pues por aquellos años no se hubiera visto nada bien hacerlo conjuntamente.

Pasado el tiempo recuerdan con orgullo y emoción haber pertenecido a su germinación en la que, fue de gran importancia Tomas Cejudo. Pero, sobre todo, fue posible gracias a la condición de cristianos de todos ellos.

Espero haber conseguido contarlo, con el mismo sentimiento y la misma ilusión que, ellas trasmitían en los comentarios.

He de reconocer que, uno de mis momentos preferidos cada Semana Santa es, cuando los Lunes Santos me sitúo en el quicio de la puerta de Santa Cruz, para ver pasar bajo la fachada de la Universidad al Cristo de la Misericordia, girando hacia la calle Compañía, con el Palacio de Jabalquinto de fondo envuelto en una nube de incienso. Siempre después de su paso, se rompe el solemne recogimiento, con los recuerdos de los que vivieron esos momentos, de ilusión, anhelos de un patio de instituto que, es la patria de toda la persona.

Mucho fue el trabajo de la cofradía organizando casetas de feria, fiestas de Noche Vieja, para primero restaurar la imagen y después adquirir las nuevas andas elaboradas por el tallista sevillano Antonio Durán Magrera, a las que se le añadieron cuatro imágenes cinceladas en plata de la Inmaculada Concepción, San Andrés, Santo Tomás de Aquino y San Juan Evangelista, todas de talleres Díaz Roncero de Córdoba.

La hermandad ha seguido evolucionando y hoy ya, procesionan los hijos de los fundadores y algún nieto puede que, lo haga vestido de monaguillo en la guardería. Además, el trono dejó de ser portado en andas, para pasar a hacerse por cargadores, convirtiéndose en cofradía de negro que, sigue llevando a gala, su respetuoso y sobrio silencio.

foto Ginés Vera Contreras

En el año 2015 llego a la Capilla de San Juan Evangelista, MARÍA SANTÍSIMA MADRE DE DIOS EN SU LIMPIA, PURA E INMACULADA CONCEPCIÓN, emergida de la gubia magistral de imaginero Israel Cornejo Sánchez, para ganar la devoción y el cariño de los hermanos, así como de todos los baezanos. Hermanos que, cada Lunes Santo pasan por delante de su titular mariana, en el momento de comenzar su estación de penitencia, en la soledad de San Juan solo queda la Inmaculada. Dogma que, Baeza siempre defendió desde antiguo.

Esta situación es parecida, a la vivida en la Santa Cena, con la Virgen de la Paz. Por ello puedo decir: que, Ella será, quien muestre el camino y un día, no muy lejano, alguien la tomará del talle, llevándola con cuidado a su morada, depositándola en su peana, entre una calle de luz y bajo su gloria. Para que, el silencio se rompa al tercero de martillo, ascienda al cielo y al regresar a los hombros de sus portadores, caminen racheando sus zapatillas, con el izquierdo por delante, rezando un Dios te Salve María.

En ese momento todos los sin sabores, todos los esfuerzos y todo el trabajo habrá valido la pena. Seguro que sí.

LA MUJER EN LA SEMANA SANTA.

Si nos retrotraemos a la década de los cuarenta del siglo pasado, mucho ha cambiado el mundo para las mujeres. Ochenta años después han conseguido acceder al mundo laboral, no de una manera plena, pero si de un modo inimaginable en aquella época. En lo familiar, ya no son la abnegada ama de casa, dedicada a sus labores, la educación de los hijos se hace algo más en pareja. En teoría, tienen los mismos derechos sociales y políticos que los hombres, pero otro tema es en la práctica.

En esos años, en las hermandades el papel de las mujeres estaba muy restringido, podían pertenecer a cofradías llamadas de señoras, formando parte de sus guiones procesionales, como era el caso de las Angustias o la Soledad. En las restantes su papel era participar en las diferentes actividades, pero siempre acompañadas de un hombre de la familia. Hacían las túnicas de penitencia de la congregación, lavándolas y planchándolas, para que, los hombres de la familia las lucieran elegantes el día de la procesión. En pocas palabras, limpiaban enseres, cosían y bordaban.

Las mujeres sin poder hacerlo, en muchas ocasiones se vestían de penitentes, para acompañar a su devoción. Corrían el riesgo de ser expulsadas de las filas procesionales y pudiendo sufrir el consabido escarnio público. Hábito con el que eran enterradas cuando fallecían. Se daba la circunstancia de que las niñas vendían estampas de “La Fervorosa”, para sufragar la compra de su corona y las madres de estas niñas, sin poder ser nazarenas de la hermandad.

La mujer andaluza debía ser morena, sobria y austera, para poder portar la mantilla con elegancia y dignidad, en la tarde del Jueves Santo, acompañando al Señor de la Humildad rezando el rosario. Tradición ésta, de vestir mantilla en las procesiones, impulsada en la posguerra, en las provincias de Almería, Granada y Jaén por la Sección Femenina, partiendo de la antigua costumbre de usar esta prenda, tan española, para visitar Los Sagrarios.

Pero dos hechos de apertura, marcarán el devenir de la mujer en nuestra Semana Santa. El Concilio Vaticano II y la Transición que trajo la democracia a España. Pronto en nuestra ciudad nació la Cofradía de “Las Escuelas”, fundada por estudiantes del Instituto Santísima Trinidad a los que se unieron los del resto de centro docentes de nuestra ciudad. Chicos y chicas compartieron labores de mayordomía, fueron elegidos para la junta de gobierno, formando juntos las filas de penitencia, siendo compañeros en el momento de ser hombres y mujeres de trono, de las sencillas andas de Jesús de la Misericordia. Forjaron una cofradía nueva, trabajando codo con codo para financiarla, haciendo casetas de feria, fiestas de nochevieja, mientras en otros lugares contemporáneos suyos, lo hacían para irse de viaje fin de curso. Fue un chorro de aire fresco.

De pronto las mujeres entraron en las juntas de gobierno, se vistieron las túnicas de penitencia, fueron a los cultos solas, empezaron hacer vida de hermandad, aparte de seguir desarrollando las labores de antaño y manteniendo las antiguas costumbres.  Hecho el de su integración, muy relevante en la fundación de nuevas hermandades y resurgir de las existentes en Baeza, al ser su integración un tsunami. Pues en una Semana Santa como la nuestra, quizá la que tenga la ratio más grande de hermandades por número de habitantes en Andalucía, no se podía permitir el lujo de dejar a nadie fuera, haciéndose de la necesidad, virtud.

La juventud, se había incorporado de forma mayoritaria, pero no fue suficiente para cubrir la ingente cantidad de personas, necesarias para portar nuestros tronos, cuando llegó a Baeza el fenómeno “costalero”. De pronto se dejan las ruedas y casi todas las hermandades se pasan a que, sus tronos o pasos de una forma u otra sean llevados, gracias al trabajo del ser humano. Apareciendo las mujeres de trono de la Virgen de la Trinidad y de Nuestra Señora de los Dolores del Santo Entierro, cargadoras en Aurora de la Vera Cruz, llegando al momento actual en que, los tronos en ocasiones son mixtos. Este fenómeno, supuso la incorporación de personas muy comprometidas con la hermandad, pero sobre todo de las mujeres.

Hoy por hoy, ya no es raro ver a las mujeres integradas en las hermandades, trabajando de igual modo que los hombres, y en las mismas funciones. Tenemos hermanas mayores, hemos tenido una presidenta de la Agrupación Arciprestal de Cofradías, varias han sido las pregoneras. Pero seguramente exista un techo de cristal que, impida la paridad en los puestos de más relevancia de nuestras cofradías o mejor dicho de que, este el más valioso. Debido a ciertas mentalidades que, aun hoy si no de forma abierta, si de un modo sibilino, siguen poniendo trabas y siguen sin reconocer las mismas capacidades.

Otra circunstancia que se da en toda la sociedad y se repite en nuestro micro cosmos es que, ante las obligaciones familiares, como cuidar hijos y mayores, es ella, la mujer quien se hace cargo, desapareciendo de la vida social y de la cofradía, durante años. El hombre renuncia en menor medida a sus costumbres. Siendo una causa muy importante de su falta de integración, pues en la mayoría de los casos también tienen una vida profesional.

A esas mujeres, que de niñas vendían estampitas y, sin poder, se vestían de penitentes aun a riesgo de ser pilladas.

PLATA, GUERRA Y UNA CUSTODIA.

En el año 1.492, los Reyes Católicos toman Granada, generándose una estabilidad política, social y económica desconocida hasta ese momento en Andalucía. Estabilidad que, en los reinados de Carlos I y Felipe II, atraerían a nuestra ciudad al clero, órdenes religiosas y nobleza. Embelleciendo nuestro casco urbano con la construcción de edificios civiles, conventos e iglesias. A la par, se produce un desarrollo agrícola, con la mejora de las cosechas de cereal, olivo y de la vid. De igual modo lo hizo la ganadería y artesanía derivada del ovino. Estos hechos dan lugar a una rica actividad comercial que, llevarían a Baeza a su máximo esplendor.

El Día del Corpus Cristi, en la Plaza de Santa María se celebraban juegos, danzas y Autos Sacramentales. A lo largo del recorrido de la procesión se hacían altares donde los sacerdotes portadores del Santísimo, lo depositaban para poder descansar. En 1.623, la primera Custodia en forma de torre es robada.

Con la muerte de Felipe II comienza la decadencia de España, sufriéndose periodos de hambrunas debido a la mala política, epidemias, guerras y malas cosechas. Pero los baezanos, se mantienen fieles a sus tradiciones, procesionando una nueva Custodia que, desapareció en el incendio de la Catedral de 1.691 durante el reinado de Carlos II.

El mercurio de las minas de Almadén se mezclaba con mineral de plata, en los yacimientos de San Luis de Potosí, para limpiarlo de impurezas, consiguiendo un metal noble de altísima calidad. Origen del Real de a Ocho, o Dólar Español, moneda patrón en el mundo durante la segunda mitad del siglo XVIII, pues por su alto contenido en materia prima no sufría depreciación.

Al morir Carlos II sin descendencia, en el año 1.700 deja como heredero a Felipe V, nieto de Luis XV de Francia. En esta fecha el baezano Diego Cozar Serrano, decidió sufragar la elaboración de una nueva Custodia, contratando para ello al antequerano Gaspar Nuño De Castro.

El nombramiento del nuevo rey daría pie a una guerra civil, entre los partidarios de este y los del archiduque Carlos hijo de Leopoldo I de Austria. Junto al que se posicionaron Prusia, los Países Bajos e Inglaterra. Por el otro lado, quedó Francia, contienda que se convertiría de este modo en europea. Todo por el control del Imperio Español, pero sobre todo de su comercio y su plata.

El artista comienza los trabajos de la Custodia en su ciudad natal, trasladándose a Baeza a los diez años de haber comenzado su labor, para finalizarla en una casa de la calle que hoy lleva el nombre del Santo Sacramento.

En 1.711, Carlos de Habsburgo sucede como emperador del Sacro Imperio Germánico a Leopoldo I, posibilitando que, Austria y España puedan ser gobernadas por la misma persona, como en tiempos de Carlos I. Este hecho determinó que Inglaterra cambiase de estrategia, forzando la negociación en el Tratado de Utrecht, donde se acuerda que Felipe V siga siendo poseedor de la Monarquía Hispánica. Otro punto trascendental de la negociación consiste en que, las coronas de Francia y España no podrían recaer en el mismo rey.  Además, Menorca y Gibraltar entre otros territorios pasaron a manos inglesas.

La plata de la Custodia se fundió y cinceló dando forma arcángeles, querubines y a los Doce Apóstoles. En tres alturas se repartieron las setenta y dos columnas que posee. Salomónicas las interiores y de capitel corintio las exteriores.  Sus basamentos se formaron con treinta y seis motivos bíblicos en relieve, realizándose para su base una Inmaculada Concepción, lo que dio como resultado una composición barroca, elegante y espectacular.

Las tropas borbónicas toman Barcelona, que había permanecido fiel a los intereses de los Habsburgo, el 11 de septiembre de 1.714. Durante el asedio de la ciudad Condal, los tres Comunes de Cataluña ordenaron resistir a los barceloneses “por su sangre y vida, por su rey, por su honor, por la patria y por la libertad de toda España”. Al finalizar la contienda, la marina de guerra conocida en otro tiempo como “Gran Armada”, apenas contaba con navíos suficientes para controlar las costas de un imperio en ultramar.

Ese mismo año, se finaliza la Custodia de la Catedral de Baeza, pagándose por ella la cantidad de doscientos cuarenta mil reales en materiales y doscientos sesenta mil de mano de obra. Aparte, se hizo frente de la manutención y alojamiento del maestro Gaspar Nuño de Castro, de su hermano Jerónimo y el colaborador Gaspar Correa, durante su estancia en nuestra ciudad. Se cuenta popularmente que, el mecenas Diego Cozar Serrano, para hacer frente a los gastos, debió de fundir sus propios cubiertos.

Baeza, al igual que el resto del país, sufriría las consecuencias de la crisis provocada por la guerra, sequías y malas cosechas. Hecho que, en nuestra ciudad se vería agravado por la pérdida de territorio en el término municipal, en beneficio de las nuevas poblaciones que nacieron y la salida de las familias más fuerte económicamente.

La plata que llegaba de América que tanto costaba conseguir y trasportar a la península, normalmente servía para financiar las guerras e intereses de la corona, pero por una vez, bien pudo tener como fin una obra de arte religioso que, durante una época tan dura, debió de suponer un esfuerzo ejemplar de quienes la financiaron.  Paisanos nuestros que están en la historia, haciéndonos sentir orgullosos de ellos, por su legado la Custodia. En la actualidad, sigue siendo procesionada el día del Corpus Cristi, depositando en su interior la Sagrada Forma.  Momento en que Baeza se engalana con alfombras, monumentos efímeros y altares en sus calles. Los suelos de estas, se cubren de juncias y mastranzo por donde pisa la comitiva formada por niños vestidos de primera comunión, junto con los devotos portadores de tan inmejorable sagrario. 

¿Es barroca La Semana Santa Actual?

Dice la tradición que Nicodemo realizó una pintura de Jesús. Esta con el tiempo quedó al cuidado de un cristiano sirio que tuvo que abandonar su hogar, escondiendo el cuadro entre los muros de la casa. Dicha pintura sería posteriormente encontrada por los nuevos inquilinos de la vivienda. Estos reprodujeron en el lienzo todos los maltratos sufridos por Cristo, llegando el icono a sangrar cuando le clavaron la lanza en el costado. Este hecho es conocido como la Pasión De la Imagen.

Este suceso daría lugar, en el Segundo Concilio de Nicea, siglo octavo, a que tanto católicos como ortodoxos puedan utilizar tallas en sus templos y liturgias, pues, no son representaciones que vayan en contra de la Ley de Moisés, sino que éstas imágenes son en sí mismas Jesús, la Virgen María, o los santos.

Pasado el año mil, se deja de pensar en el fin del mundo como algo próximo, produciéndose un cambio en el arte religioso, que deja de tener como prioridad el Juicio Final. Este sustituido por la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. Además, se une el hecho de que tanto nobleza como burguesía se convierten en mecenas, al ser incentivados por bulas con las que conseguir su salvación.  

En las ciudades empiezan a florecer los gremios y cofradías dedicadas a patrones que, son procesionados en su festividad. A la par, constituyen un sistema de cobertura social para sus hermanos, dándoles amparo en la enfermedad, pero sobre todo entierro cuando fallecían.

Durante la gran mortandad de Europa provocada por la peste de 1348, aparecen los flagelantes que, con el tiempo, se convertirían en nazarenos y penitentes. En este periodo el continente perdería el cincuenta por ciento de su población. Realizándose procesiones de rogativa tras una cruz y en algunos casos de una imagen sobre sencillas andas.

En el Siglo XVI, Lutero en su reforma decide no utilizar la iconografía en sus templos. Además, admite que las Santas Escrituras se traduzca del latín a otras lenguas, para facilitar su lectura. Si bien hasta ese momento, pocos eran los que sabían leer, pues un libro era un bien caro, preciado y escaso. Aun con la llegada de las primeras imprentas.

A este proceso la Iglesia contestó con la Contrareforma, en el Concilio de Trento, reafirmándose en la utilización de imágenes y el arte en general, para catequizar a una población que, era analfabeta incluida gran parte de sus clases pudientes. Por ello, se forma a los sacerdotes para que lean y hagan entender tanto lo que se dice en la Biblia, como en el Nuevo Testamento.

Andalucía dejó de ser tierra de frontera tras la toma Granada, produciendo una estabilidad social y económica que hizo posible la construcción de palacios, templos y conventos. Un ejemplo fue en Baeza el cenobio de San Francisco, donde tiene su origen la Vera Cruz, primera de nuestras cofradías pasionistas.

En el Barroco aparecen los Actos Sacramentales, obras de teatro con temática bíblica, ética y moral. Destacando autores como Calderón de la Barca, Tirso de Molina y Lope de Vega. En los templos el Viernes Santo tenía lugar el descendimiento de Cristo de la Cruz. Y en procesiones se representa el encuentro de Jesús con su madre, que es conocido en nuestra ciudad como “El Paso”.

La imaginería abandona las formas más suaves del Renacimiento, por un realismo desmedido en Castilla, donde destaca Alonso Berruguete. En Andalucía, las maneras son más suaves, bellas y elegantes con artistas como: el jienense Juan Montañés y su discípulo Juan de Mesa. Alonso Cano, Pedro de Mena, Pedro Roldán y su hija la Roldana.  Es la edad de oro de la escultura en madera española, como sucedió en otras artes durante los siglos XVI y XVII.

Son tiempos de malas cosechas, guerras, y donde aparece de nuevo la peste. Por lo que, tanto pobres como ricos, buscan amparo en la religión que les promete una posible vida eterna y mejor. Encontrando consuelo en esta vida, para su propio dolor, en el dolor de Cristo y su Madre. Surgiendo de este modo muchas de las grandes devociones que, han llegado hasta nuestros días. Nos encontramos en pleno Barroco.

La historia avanza y los españoles vivirán la Ilustración, una guerra de independencia, el reinado de Fernando VII que dio paso a las Guerras Carlistas, la catástrofe del 98, dos repúblicas y dos dictaduras. A todo se adaptó la Semana Santa para sobrevivir.    

A finales del siglo XX, en democracia la tradición se vivía libremente, haciendo renacer el mundo cofrade y con ello las artes relacionadas con las hermandades. Sin duda alguna, gracias a la estabilidad sociopolítica y económica producida por el sistema de gobierno.

En la actualidad, tomando como punto de partida el Barroco, se ha evolucionado hacia grandes tronos que portan grupos escultóricos con lujosas vestiduras, que son magníficas representaciones teatrales. Los pasos de palio brillan con grandes luminarias de candelería, mantos, bambalinas y glorias bordadas en finos hilos y canastillas de plata. Todo ello aderezados con esplendorosas floraciones. A lo que se unen largas filas penitenciales, coloreadas por los inmejorables hábitos que visten sus hermanos.

Las cosas en la vida no son encender un interruptor y aparecen, sino que lo hacen paso a paso, llegando la Semana Santa a uno de sus momentos álgidos durante el Barroco. Y sin duda, hoy la vivimos en su máxima plenitud y esplendor. Resaltando sin pudor en sus formas el barroquismo que, casi llega a la exageración.  

Una Semana Santa de ensueño

UNA SEMANA SANTA DE ENSUEÑO.

Para los apasionados de la Semana Santa, esta es efímera, siempre la estamos esperando, cuando llega, se nos escapa de las manos. Es Domingo de Ramos y sin darnos cuenta, ya es Pascua de Resurrección. Esto hace que siempre vivamos con la ilusión de su venida.

Por ello, este año, soñemos con la Semana Santa que, nos hubiera gustado que fuera. Mi sueño comienza, haciendo el bacalao a la baezana. Y nuestra deliciosa cazuela, un plato compuesto: de garbanzos, habas secas, tomate frito, calabaza y berenjenas, con especies similares a la morcilla.

 Viernes de Dolores y el Cristo del Descendimiento, en Vía Crucis, recorre las calles de Baeza, desde la Iglesia de San Pablo a la Catedral. Los fotógrafos con sus cámaras, captan los más bellos momentos, de nuestras procesiones.

Domingo de Ramos, amanece espléndido, como toda la semana. Por la mañana se bendicen las palmas en San Ignacio, y niños vestidos de hebreos aclaman a Jesús, Rey, en su entrada en Jerusalén.  El sol del mediodía, se cuela entre el palio de malla, iluminándonos de Esperanza y Caridad.

En la plaza de Santa María, se acumulan las emociones, recuerdos de tiempos de costalero de la Santa Cena, que comienza su procesión, mientras suena Silencio Blanco.  Entre terciopelo rojo bordado en hilo de oro, una baezana de piel trigueña, llena nuestra ciudad de Paz, a la que tuve el honor de portal en su primera salida procesiona.

Subo la calle Imagen, donde se sucede las marchas, que marcan el ritmo del olivo, abanico para limpiar el rostro del Señor, de lágrimas, en su Oración en el Huerto. El cielo estrellado de la noche, se confunden con la gloria, que es la morada de María Santísima del Rosario, en sus Misterios Dolorosos.

El lunes visito templos, disfrutando de esos pequeños detalles, de los tronos que, en la calle se escampan. Por la noche, desde la puerta de Santa Cruz, entre volutas de incienso, veo venir al Cristo de la Misericordia, en respetuoso silencio. La Madre de Dios queda en su templo, acompañada por la devoción de todo un pueblo.

Llega el martes, para callejear, desde el templo de San Antonio al barrio monumental, buscando al Cristo de la Buena Muerte, crucificado portado directamente sobre los hombros de sus penitentes.

En la tarde del miércoles. Él Hombre es amarrado a la Columna, para azotarlo en el Salvador. Una dolorosa joven llora con Lagrimas de Amargura, mientras sube la calle Puerta. En el horizonte se adivina la Catedral.

De las ruinas de San Francisco, obra del maestro Andrés de Vandelvira. Como desde los orígenes, el Cristo de la Yedra, sale en unas sencillas andas, para visitar siete templos.

Túnicas de paño marrón, atraviesan la Puerta de Úbeda. El rostro de Jesús refleja dolor la Caída, mientras el cuerpo desnudo se tensa. La Virgen de Gracia corre tras Él, con la Esperanza de que su hijo acabe en el suelo.

Jueves Santo por la mañana, en el Convento de los Descalzos, todo recuerda cuando los frailes liberaban a los cristianos secuestrados en Oran. El que no tendrá Rescate es Jesús preso. Tras el que marcha la Virgen de la Trinidad.

El Hijo de Dios, con Humildad, caminando va por Baeza. Le sigue la Banda de Cornetas y Tambores de Nuestra Señora de los Dolores del Rosario. Imagen mariana acompañada por sus camareras, ataviadas mantilla. 

Atardece. Y ante el palacio Javalquinto, la que fuera cofradía del gremio de la construcción, nos traslada al Calvario. Monte de la Amargura.

Cae la noche, la fila de vestiduras trinitarias, camina por la calle del Rojo, color de la Sangre del Señor. Al que sus hijos le piden Salud.

Con la Luna de Nissan, navega sobre mar de túnicas negras, en un barco de plata, la “Fervorosa”, señora de toda la ciudad.

“Madrugada”, y la más antigua de nuestras hermandades, pasa[1]  ante la Iglesia de San Juan Bautista. Donde contemplamos al Nazareno de la Veracruz, ayudado por el Cirineo. La Aurora que trae la mañana, es reconfortada por San Juan Evangelista.

Mediodía del Viernes Santo, en la plaza de España, la Verónica limpia el Santo Rostro, y Juan tras ver al Maestro, acompaña, ante este, a la Virgen de la Amargura. Es el encuentro, y “El Paso” bendice la humanidad.

Él, en la Cruz, mira al Padre que está en los cielos que, le reconforta en su Expiración. A sus pies María Santísima de la Merced, busca consuelo en la Santísima Trinidad, de nuestra universidad.

En la Puerta de Jaén, María Santísima en su Quinta Angustia, acompañada por las Marías y San Juan, ve como los Santos Varones, con cuidado realizan el[2]  Descendimiento, de Jesús ya sin vida.

Por San Palo, la Virgen de las Angustias, abraza a su hijo inerte, al que mira con dulzura. Todo nos recuerda, la Piedad de Miguel Ángel, renacimiento en el paso y en la ciudad, patrimonio de la humanidad.

En el convento de la Encarnación, bajo el retablo barroco, se encuentra Nuestra Señoras de los Dolores y el Cristo Yacente, es el Santo Entierro. El silencio es roto por quejido de un tambor.

Es ya de noche y la querida imagen de la Soledad, sale del templo de la Purísima Concepción, portada por costaleras.  El tintinear de unas campanillas anuncian su trascurrir.

Domingo de Pascua, un Niño Perdido encuentra a su madre, la Virgen de la Cabeza en el cenobio de San Antonio.

Desde el pórtico del templo que lleva su nombre, el apóstol San Andrés, ve al tercer día que, Nuestro Padre Jesús ha Resucitado.

Este el sueño de mi Semana Santa que, por lo general no se cumple, debido a la climatología. Este año por la pandemia, deberemos quedarnos en casa recluidos, precisamente en cuaresma y en los días de la Pasión. Que la coincidencia sea un tiempo para la reflexión y la oración. Donde hacernos mejores.

Pero sin regodearse en lo que pudo ser y no fue. Soñemos, porque soñar nos hace libres, y soñar también es vivir.


 [1]

 [2]

Un cartel con sabor

Este articulo lo escribí cuando todos pensábamos que el coronavirus dichoso, no llegaría a tener las consecuencias que estamos sufriendo. Por ello para intentar que se nos haga más pasajero el aislamiento he decidido publicarlo sin modificarlo, para que por lo menos durante cinco minutos, podamos pensar en algo que no sea la pandemia.

Por favor cuidaros mucho vosotros que es el mejor modo de cuidar de los vuestros.

#Yo me quedo en casa.

UN CARTEL CON SABOR.

Sin duda nos encontramos ante un cartel con mucho sabor a Baeza, donde se refleja una de nuestras tradiciones más singulares, pues es una forma muy poco habitual en el resto de las semanas santas, la de celebrar la Pascua de Resurrección procesionando al Niño. Y así de este modo a través de un Jesús con pocos años simbolizamos su llegada a la vida eterna, que nos dice que después de la muerte existe una esperanza, que es verdaderamente lo que glorificamos en estos días, el motivo de nuestras vidas.

La imagen es portada por nuestros chiquillos, que compiten por un lugar bajo sus andas, con caras de alegría y de emoción, que están jugando a ser mayores, iniciándose así en un sentir que en un futuro les hará ser penitentes, costaleros… en una palabra, están comenzado a ser cofrades. A la par que los mayores cuidan del que este pequeño paso no acabe en el suelo, con miradas llenas de ternura, que sin duda alguna les devuelve a sus infancias, pues desafortunado aquel hombre o mujer que en su interior deja de llevar aquel que fue en su niñez.

Todo comienza en la mañana del Domingo de Resurrección, en casa del hermano mayor de la cofradía, comiendo los tradicionales bizcochos y bebiendo una copita de vino dulce. A las diez de la mañana sonará el Himno Nacional y el Niño Perdido saldrá en su traslado por su barrio de la Trinidad, ese que está más allá del Ejido.  Que se engalana con mantones en sus balcones, macetas de tempranos geranios y de pilastras en sus aceras. Portado por sus acompañantes, subirá por una calle para bajar por la siguiente y pasar por la que tiene su nombre. Mientras los vecinos, durante todo el recorrido, le recibirán con una colorida lluvia de pétalos de flores. Todo ello acompañado de música alegre y del repicar de las campanillas de plata de sus pequeñas andas. Siendo uno de los momentos más emotivos la llegada al convento de San Antonio, donde sus hermanas tras una ventana, ven como es bailado, mientras la banda interpreta un paso doble. Dentro del templo se encontrará con su Madre la Virgen de la Cabeza, que le espera durante todo un año.

Son también recuerdos de juventud cuando este traslado llegaba a la avenida de Puche Pardo y los componentes de su guion procesional se paraban a desayunar en las proximidades del Bar Callejas, y el que escribe, con pocas horas de sueño esa noche de sábado, se levantaba subiendo la persiana de su cuarto para ver al Niño, que otro año más se despertaba con su grata visita en el Domingo de Resurrección. No se podía empezar de mejor modo una jornada tan alegre para todos nosotros.

Por la tarde todo se viste de despedida, es el final de una semana vivida intensamente, y esos baezanos que por las circunstancias que sean viven lejos, cargan sus maletas en sus coches, donde irán más de una bolsa de ochíos, empanadilla de chocolate y como no masa de aceite, para consumo propio o encargos.  Y como el resto de sus paisanos se dirijan a la puerta de la Iglesia de San Antonio, para antes de partir disfrutar del juego de banderas y sin pausa ver como un chiquillo portado por otros niños correrá por las calles de toda Baeza, mientras su madre le sigue con cariño, para otro año más perderse en la lejanía, mientras la Virgen de la Cabeza queda en su templo.

 Y todos nosotros durante unos minutos sentiremos nostalgia de la Semana Santa que termina, hasta que cojamos nuestro móvil como un acto reflejo, para consultar en Google en que día cae el Domingo de Ramos del año próximo, haremos cuentas y pensaremos bueno tan solo queda trescientos y pico días, nos cargaremos de ilusión para comenzar a vivir de este modo unas vísperas de un año, pues los andaluces somos mucho de vivir las vísperas.

Por todo ello me gusta este cartel, porque es lo que tiene que ser, lo primero una buena fotografía, que congela un instante, para hacer lo que tiene que hacer, exaltar una de nuestras más genuinas tradiciones y con ello nuestra Semana Santa, pues sin duda alguna este momento forma parte de ella, como cualquier otro momento que muchos piensen que puede ser más importante y emblemático, por el esplendor de un trono o la importancia del autor de la imagen titular. Pero pensemos que sus hermanos tienen tanta fe como los de otras hermandades, que es una de las congregaciones más antiguas de nuestra ciudad y posiblemente la única con sabor a barrio, que la respalda por completo.

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